miércoles, 23 de diciembre de 2015

Incendio

Recuerdo que una vez,
cuando era pequeña,
encendí mi primera cerilla.
Estaba asustada
y al mismo tiempo emocionada.
Por un momento me quedé mirando la llama,
y cuando empezó a consumirse y a acercarse demasiado a mi dedo,
llamé corriendo a mi madre para que viniera a rescatarme.
Llegó justo a tiempo de soplar
y evitar que me quemara.

"Debes tener cuidado.
Si juegas con fuego,
puedes quemarte",
fue lo que me dijo.

Desde entonces juego con fuego.
Hay algo que me hace sentir bien
en la forma en que se acelera un corazón cuando te arriesgas;
cuando te expones a un peligro y sales ilesa.

He quemado hasta los restos tantos papeles
que hasta empecé a pedirle deseos a las cenizas.

He quemado hasta los cimientos
todas las ciudades en las que he crecido.

He sido ese mechero
que ha prendido fuego
en la gasolinera donde solía jugar de pequeña.

Se me ha contraído el pecho,
y al final,
ha acabado todo en incendio.

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