domingo, 27 de diciembre de 2015

Abre el calendario, cariño, que empieza un nuevo día

Ahogar las penas en alcohol es lo típico de estas fechas.
Creerse una niña grande que ya no quiere beber agua
porque al fin y al cabo es la misma miseria.

Es típico quemar un calendario con recuerdos
y abrir otro con deseos.

Apunta por ahí que tu mejor caída ya no será desde un precipicio.
Aprenderás a volar sin despegar los pies del suelo.
Le darás un beso a todas las heridas que has abierto.
Ya no malgastarás saliva limpiando los platos rotos de algún fracasado.

Deja atrás todo el dolor que te han causado
y brinda,
y sueña,
y empieza
una
nueva
vida.

Mírale a los ojos y dile que ya no es tu pesadilla.

Abre el calendario, cariño,
que empieza un nuevo día.
Causa incendios en corazones marcados como anti-balas,
a ver si resisten el fuego de tus labios.
Empieza a creerte que eres especial
y valiente
y guapa
e inteligente
y que nada,
ni nadie,
te diga
a
qué
tener
miedo.

Afloja el nudo de tu corbata
o te quedarás sin aire.
No te asfixies,
que eso no lo merece nadie.
Poco a poco llegará de nuevo el invierno.
Pasarás por ese verano
que puede ser a la vez tan frío
e intenso.

Pero cuando quieras colocarte al filo del precipicio
acuérdate de mí;
de la persona que te dijo
que
nunca
debes
rendirte.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Incendio

Recuerdo que una vez,
cuando era pequeña,
encendí mi primera cerilla.
Estaba asustada
y al mismo tiempo emocionada.
Por un momento me quedé mirando la llama,
y cuando empezó a consumirse y a acercarse demasiado a mi dedo,
llamé corriendo a mi madre para que viniera a rescatarme.
Llegó justo a tiempo de soplar
y evitar que me quemara.

"Debes tener cuidado.
Si juegas con fuego,
puedes quemarte",
fue lo que me dijo.

Desde entonces juego con fuego.
Hay algo que me hace sentir bien
en la forma en que se acelera un corazón cuando te arriesgas;
cuando te expones a un peligro y sales ilesa.

He quemado hasta los restos tantos papeles
que hasta empecé a pedirle deseos a las cenizas.

He quemado hasta los cimientos
todas las ciudades en las que he crecido.

He sido ese mechero
que ha prendido fuego
en la gasolinera donde solía jugar de pequeña.

Se me ha contraído el pecho,
y al final,
ha acabado todo en incendio.