Ahogar las penas en alcohol es lo típico de estas fechas.
Creerse una niña grande que ya no quiere beber agua
porque al fin y al cabo es la misma miseria.
Es típico quemar un calendario con recuerdos
y abrir otro con deseos.
Apunta por ahí que tu mejor caída ya no será desde un precipicio.
Aprenderás a volar sin despegar los pies del suelo.
Le darás un beso a todas las heridas que has abierto.
Ya no malgastarás saliva limpiando los platos rotos de algún fracasado.
Deja atrás todo el dolor que te han causado
y brinda,
y sueña,
y empieza
una
nueva
vida.
Mírale a los ojos y dile que ya no es tu pesadilla.
Abre el calendario, cariño,
que empieza un nuevo día.
Causa incendios en corazones marcados como anti-balas,
a ver si resisten el fuego de tus labios.
Empieza a creerte que eres especial
y valiente
y guapa
e inteligente
y que nada,
ni nadie,
te diga
a
qué
tener
miedo.
Afloja el nudo de tu corbata
o te quedarás sin aire.
No te asfixies,
que eso no lo merece nadie.
Poco a poco llegará de nuevo el invierno.
Pasarás por ese verano
que puede ser a la vez tan frío
e intenso.
Pero cuando quieras colocarte al filo del precipicio
acuérdate de mí;
de la persona que te dijo
que
nunca
debes
rendirte.
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