sábado, 10 de octubre de 2015

Dos más dos no son cuatro



Me han contado
que el amor es como las matemáticas.
Que dos más dos son cuatro,
y que siempre es la misma temática.
Que una boca no dispara balas,
y por lo tanto nunca
puede restar una en la recámara.
Que dos entre uno siempre será dos
y no existe esa supuesta metáfora
en las que ambos multiplican el corazón.

Me gustaría saber
quién fue el capullo que inventó eso.
Quienquiera que fuese,
estoy segura de que nunca había mirado
dentro de sus pestañas,
ni había jugado
a contar las palabras
que salen como si nada
de sus labios.

Quisiera contarle a ese imbécil
la cantidad de balas
que han salido de su boca
y que siempre fue poca
la distancia interpuesta
que acertaba
en darme al corazón.
Algunos lo llaman morir de amor;
yo prefiero decir
que me falta su calor.

Que el amor no es cosa de matemáticas.
Que también se aprende de lengua
cuando malgastas saliva
tratando de mantenerte viva
para ser la musa de su verso.
Que yo me puse al filo del barranco
por sus besos,
y nunca imaginé
que fuera a empujarme.

Que en el amor hay historia.
No me niegues
que las orillas del Sena
son escenarios
de miles de poemas.
Que el agua de la arena
trae las penas
de aquellas lágrimas
que los poetas
dejaron en botellas
como si fueran cartas.

Que yo descubrí
que aquella metáfora
no formaba
parte de versos.
Que sus besos
no sumaban,
sino que multiplicaban
las ganas
de comerle la boca.
Que yo mejor le susurraba
poemas al oído,
para que ninguna perra
pudiera lamerle lo que,
aunque no lo fuera,
era mío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario